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Cuando decidí escribir acá fueron tantas las cosas que me vinieron a la mente que no supe por donde empezar.
Son tantas las amigas y compañeras de las que he escuchado anécdotas de acosos en Puerto Rico, pero me limitaré a contar las que he vivido.
-Recuerdo que cuando tenía doce años había un vecino que se masturbaban en las ventana de su casa para que lo viéramos mis amigas y yo cuando pasábamos corriendo patines.
-Cuando tenía 16 años comencé a correr por la urbanización donde viven mis padres en Guaynabo. Todos los días un señor salía a la marquesina a gritarme obsenidades cuando pasaba frente a su casa. Un día mi mamá se fue un poco detrás de mí y cuando llegamos a la altura de la casa del señor se escondió detrás de un árbol y espero a que el señor me gritara. Entonces ella comenzó a gritarle, “contrallao, que poca verguenza hijo de tu madre” y el hombre empezó a decirle que sólo pensaba en voz alta “qué mucho me parecía yo a su sobrina”.
-Cuando iba a la Universidad de Puerto Rico, del 98 al 2005, en más de una ocasión me encontré con hombres que estacionaban el carro en la mañana frente a la torre para que los vieras masturbándoe cuando pasabas por la acera y mirabas hacia adentro.
-En varias ocasiones he estado en la playa de Piñones con amigas y hemos tenido que movernos de lugar o que gritarles a masturbadores que se paran detrás de las palmas a ligar y jarlarse pajas mirando a las mujeres cerca del agua.
-Cuando vivía en Miramar con unas amigas en el 2002, una vez el casero fue a arreglar un abanico de techo. Habíamos dejado alguna ropa secándose en la sala donde el arreglaba el abanico. Cuando salimos del cuarto mi roommate y yo nos encontramos al casero oliendo los panties de mi compañera de casa.
Bueno, estas son las que recuerdo. Seguro tengo muchísimas más que contar pero con estas creo que queda claro que el acoso es algo demasiado frecuente en San Juan, Puerto Rico.
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