Indignada

Un domingo a las ocho de la noche, estaba saliendo, junto con una amiga, del Callejón del Nuyorican Café en el Viejo San Juan. Cuando nos dirigíamos hacia mi auto, que estaba estacionado en la calle San Francisco, escuchamos una voz pacífica que nos dijo -”excuse me”. Volteé porque pensé que era alguien que estaba perdido y me llevé la sorpresa de ver a un hombre que nos seguía mientras frotaba su pene al descubierto.

Agarré la mano de mi amiga y, como decimos l@s boricuas, embalamos a correr. Nos montamos rápido en mi auto y pasamos por la Plaza de Armas. En ese lugar habían unos policías, bajé el cristal del auto y le dije a uno de ellos lo que había visto. Mi segunda sorpresa de esa noche fue que el policía se comenzó a reír.

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