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ESTAMOS CONTIGO

ESTAMOS CONTIGO: GREEN DOT’S GOT YOUR BACK CAMPAIGN

¡Estamos contigo!

¿Qué es peor que ser acosad@ en la calle? Ser acosad@ alrededor de un grupo de extraños que pudieron hacer algo para detenerlo y no lo hicieron. Sabes de lo que estamos hablando. Reacciones como: “ese no es mi problema”, “él o ella no lo hacen con una mala intención”.  Pero, ¿y si no sucediese así? Nos estamos uniendo al programa GREEN DOT para ayudarte a intervenir en situaciones de acoso callejero, y a celebrar y documentar, a su vez, tu éxito en esta intervención utilizando nuestra página y aplicaciones móviles.

¿Qué es GREEN DOT y Cómo funciona?

Un green dot marca el momento en el que  decides tomar una posición activa y visiblemente intolerante hacia el acoso callejero. Un green dot es tu oportunidad para demostrar que NO estás de acuerdo con el acoso callejero; para solidarizarte con aquellas personas que son blanco de acoso callejero y hacerles saber que estás con ellos y te comprometes a lograr que todas las personas tomen responsabilidad en la creación de comunidades más seguras.

Para que ocurra el acoso callejero, dos cosas son necesarias:

  1. Una persona o un grupo de personas que decide acosar  a alguien.
  2. Una comunidad de personas que permiten que pase y no hacen nada.

Cuando comenzamos a cambiar esos momentos de inacción ante este tipo de situaciones y nos solidarizamos con aquellos que son acosados en el momento que lo están siendo, nuestra aspiración de una cotidianidad sin acoso callejero se va tornando una realidad. El sólo pensar que el acoso callejero No es aceptable no lo hará desaparecer. Sólo nuestra acción lo hará. Y una vez que te hayas unido a este esfuerzo, cuéntanos tu historia en ihollaback.org. De esta forma, inspirarás a los demás a tomar acción y darles la esperanza a todos aquellos que experimentan acoso callejero de que gente como  se solidariza y está  lista para demostrarles que estás con ellos.

Aquí te mostramos tres pasos para ir de la INACCIÓN a la ACCIÓN:

  1. Identifica cómo  se manifiesta el acoso callejero
  2. Identifica que te detiene a intervenir cuando eres testigo de una situación de acoso callejero
  3. Escoge un green dot que funcione para ti

Algunas maneras en las que se manifiesta el acoso callejero:  

  • Comentarios sobre la apariencia, género u orientación sexual de una persona
  • Gestos vulgares hacia otra persona
  • Comentarios sexuales explícitos hacia una persona
  • Miradas con un carácter sexual o intimidante hacia otra persona
  • Silbidos, ladridos y otros sonidos irrespetuosos hacia otra persona
  • Acecho
  • Obstaculización del paso de una persona
  • Masturbación pública
  • Acceso físico al cuerpo de otra persona

Qué horrible…. Yo debería hacer algo para detenerlo pero…

  • Soy muy tímid@
  • No sé qué hacer
  • No quiero que me acosen a mi también
  • ¿Y si nadie más me apoya e interviene?
  • ¿Y si realmente no es acoso?
  • No quiero que me vayan a dar un golpe
  • Ya es muy tarde intervenir
  • Tal vez soy yo nada más quien piensa que es grosero y agresivo lo que le están haciendo
  • Mis amigos se avergonzarían de mí por intervenir
  • Hay alguien aquí que me gusta y creo que no me invitaría a salir si hago una escena en este lugar para ayudar a otra persona
  • Nadie más está haciendo algo
  • Son muchas personas quienes lo están haciendo y yo sólo soy un@
  • Si le digo a los policías no harán nada
  • Ésta es mi ruta diaria, si intervengo puede que me los encuentre de nuevo en otra ocasión y entonces que haré si me atacan
  • Estoy exagerando, lo que están haciendo no es tan grave
  • Es mi amig@ quien está diciéndole/haciéndole estas cosas a otra persona

 

 

Te entendemos, puede ser muy difícil intervenir en una situación de acoso aún cuando realmente queremos hacer algo. La buena noticia es que esto no te hace una persona horrible, te hace human@. Pero lo mejor es que no importa cuán difícil pueda ser, siempre o al menos casi siempre hay algo que puedas hacer para intervenir con lo que te sientas cómod@.

 

Green Dots que te pueden ayudar a intervenir:

Green Dots Directos:

  • “Oye, tú, déjal@ tranquil@
  • Dile a la persona que está cometiendo el acoso que llamarás a la policía si no deja de hacerlo.
  • Pregúntale a la persona que está siendo acosada si está bien
  • Acércate a la persona que está siendo acosada para que sepa que no está sola
  • Pregúntale si le están molestando
  • Toma una foto de la situación con tu teléfono
  • Ofrécele a la persona que fue acosada detenerse junto a ti en la próxima estación y tomar otro tren juntos
  • No te rías ni te unas a los comentarios de acoso
  • Habla con la gente que te acompaña sobre el por qué crees que estuvo mal
  • Dile a la persona que fue acosada que lo que le acaba de ocurrir fue lamentable y que lamentas que lo haya experimentado.
  • Pregúntale a la persona acosada si hay algo que puedas hacer para ayudarle

 

Green Dots Indirectos

  • Llama a la policía
  • Habla con alguna autoridad sobre lo ocurrido
  • Pide que alguien haga algo para detener la situación
  • Forma un grupo de personas que puedan intervenir con mayor presión
  • Textea a algún amig@ pidiéndole ayuda
  • Pregúntale a alguien que tengas cerca en el momento de la situación ¿qué podemos hacer para ayudar?

Green Dots de Distracción

  • Ofrécele tu asiento a la persona acosad@
  • Llama la atención
  • Actúa como si conocieras a la persona que estaba siendo acosada y dile “te he estado buscando por todas partes. Por fin te encuentro.”

*En relación a tu seguridad: No queremos que pongas tu vida en peligro tratando de intervenir en una situación de acoso. SIEMPRE piensa en TÚ seguridad y considera posibilidades que eviten ponerte en peligro, por ejemplo, llamar al 911, la policía etc…

¿Tienes poco tiempo? Aquí hay algunas cosas que puedes hacer para ayudar:

  • ATRÉVETE, Cuéntanos TÚ historia de acoso en: puertorico.ihollaback.org
  • Solidarízate. Lee algunas de las historias compartidas en nuestra página y comenta dejándole saber a las personas que los apoyas y te unes a la lucha en contra del acoso callejero.
  • Ayúdanos a educar. Dile a tus amigos en facebook sobre nosotros y el por qué crees que el acoso callejero es INACEPTABLE.
  • Comprométete a solidarizarte  y a hacer algo cuando presencies una situación de acoso callejero
  • Cuando veas a alguien haciendo un “green dot” déjales saber cuán orgulloso estás de ella o él.

 

¿Tienes más tiempo?

  • Ayúdanos a regar la voz sobre HOLLABACK. Infórmate en: ihollaback.org y háblales a tus amig@s sobre el proyecto.
  • Investiga sobre otras dinámicas de intervención en situaciones de acoso que no te pongan en peligro.
  • Envíanos un vídeo en el que nos cuentes tu historia de acoso callejero
  • ¿Tienes algo que decir sobre la lucha en contra del acoso callejero? Compártelo con nosotros. Envíanoslo a nuestra página, puertorico.ihollaback.org,  y lo publicaremos.

¿Tienes mucho más tiempo?

  • Lanza una página de Hollaback en tu ciudad. Busca más información sobre esto en ihollaback.org
  • Haz investigación sobre el tema de acoso callejero. Parte del problema del acoso callejero es que es un comportamiento no reconocido como violento. Ayúdanos a cambiarlo con tu investigación.
  • AYÚDANOS. HOLLABACK  se sostiene totalmente con trabajo voluntario, es por eso que si tienes algún talento o experiencia que pueda contribuir con nuestra lucha en contra del acoso callejero. Cualquier contribución que puedas hacer es bienvenida.

Nadie tiene que hacerlo todo…pero TODOS tenemos que hacer algo. Todos podemos hacer nuestra parte para solidarizarnos y estar juntos en la lucha contra el acoso callejero.

 

Green Dot’s got your back

La aplicación de GREEN DOT para acoso callejero es una colaboración entre los equipos de HOLLABACK y GREEN DOT. Para tener más información sobre el trabajo de GREEN DOT, búscanos enwww.livethegreendot.com. Si te interesa aplicar la iniciativa de GREEN DOT  a otro tipo de manifestación de violencia, por favor, contáctanos en: sayre@livethegreendot.com

 

 

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Entre la voz y el cuerpo: (re)conociendo la violencia de género

Entre la voz y el cuerpo: (re)conociendo la violencia de género

Lo recuerdo claramente. Han pasado ya varios meses y aún lo recuerdo. Eran las 2:00 a.m., el cierre de una larga jornada de trabajo destinado a la celebración de 10 años de trayectoria de la agrupación musical fundada por los amigos con los que en ese momento, a las 2 am, compartía en la placita del Condado. Recuerdo el alboroto del tránsito, los bocinazos constantes y la música a todo volumen proveniente de los carros. Entonces, sucedió. La voz  vino de un carro que capturó mi atención porque ya había circulado varias veces por la placita. Yo, que estaba de pie con la vista hacia el tránsito de carros, recuerdo ver cómo sus manos llegaban hasta su boca, cómo estando allí las unía formando un canal para amplificar su voz y de la misma forma darle una sola dirección,  la nuestra. “Tropa e’ maricones, canto de cabrones” nos gritó, como si nada, uno de los 2 hombres que viajaba en aquel carro. Todos lo escuchamos. Éramos un grupo compuesto por 5 hombres y yo, la única mujer. Recuerdo las reacciones de mis amigos. Comentaron  lo tonto e ignorante que les parecía el que aquel hombre nos gritara eso. Lo convirtieron en un chiste, diciéndose uno al otro: “Te dije que no te pusieras esa camisa, que te chotea (te delata).”  Y mientras ellos hablaban, recuerdo que yo no podía creer lo que acababa de pasar. O sea, desde  niña  he experimentado la gritería con la que algunos hombres reciben a una en la calle. Esos llamados “piropos” que una debe agradecer o quedarse así, como si nada, aunque la revienten de rabia por dentro porque es lo normal, porque los hombres son así y ese tipo de comportamiento es parte de nuestra cultura. Pero yo nunca había experimentado algo como lo de aquel día. De la conversación que sostenía con mis amigos al ocurrir la interrupción del mencionado grito, debo admitir que son pocos los recuerdos. Sin embargo, recuerdo claramente cómo lo sintió mi cuerpo. Recuerdo la sensación física de un golpe. La clase de golpe que sentimos en el cuerpo en un momento de aturdimiento, la tensión que se aloja en la parte superior de los hombros hasta llegar al cuello. Esa tensión que llega como una sorpresa ocasionando una confusión y hasta una ansiedad que alarma todos los sentidos en el cuerpo. Y recuerdo haber temblado. Pero además,  luego del golpe, recuerdo haber pensado en lo “masculino” o mejor dicho, en la idea de la masculinidad. Pensé en la manera en que ésta constantemente tiene que ser salvaguardada, justificada, y expresada hasta en exabruptos como la gritería de aquel tipo. Porque qué amenaza suponía para aquel hombre la presencia, los cuerpos, de este grupo de hombres tan diversos con los que no había mediado palabra más allá que su grito. ¿Qué fue lo que le dijeron estos cuerpos para provocarlo? ¿Cuál fue el golpe que recibió de ellos? Unos que se piensan abiertamente desde lo gay, otros opuestos a cualquier clasificación que los sumiera bajo alguna categoría. Todos hombres, todos seres increíbles, todos tan diversos. Y mientras pensaba en todo esto,  yo los miraba; los miraba reírse y conversar. Quise inmiscuirme en la conversación y volver a hablar sobre lo ocurrido con el mismo tono de chiste con el que ellos lo habían hecho, diciéndoles: “chicos, yo creo que por mi fue que nos gritaron eso”  pero la voz no me lo permitió; mi voz, en su entonación, en su timbre, en su vulnerabilidad no  permitió la risa y todos ellos con gran seriedad me aclararon: “Nena no, No fue por ti que nos gritaron”  y cambiamos el tema como si nada hubiera pasado. Nada tan significante como para arruinar la bonita velada que habíamos tenido. Luego de un rato, nos fuimos. Pero aún lo recuerdo. Han pasado ya varios meses y aún lo recuerdo claramente.

Por alguna razón que apenas recién entiendo, no lograba dar rienda a las palabras que hoy comparto sin antes narrar este suceso y yo me negaba a hacerlo. Anteayer, falta de palabras recurrí entonces a la poesía como me es costumbre en esos momentos y allí estaba el verso que dio la respuesta a la necesidad inconsciente de narrar el suceso: “Ávido lector: sólo en la memoria sentimos”.  A estas palabras de Cristina Rivera Garza añado lo que para mí les es implícito: “Ávido lector: sólo en la memoria sentimos y resentimos”. Y es que,  en lo que sigue el resentimiento adquiere un papel central a partir de varios planteamientos de Wendy Brown en Vinculaciones Injuriadas y los recogidos sobre dicho texto en el libro de Marlene Duprey BioIslas, pero además porque en definitiva nuestros cuerpos son sentidos y sus experiencias son mediadas por el sentido que éstos generan (Martínez, 2009, 3,7).

Con esto en mente, me interesa lanzar una pregunta a la que aclaro de entrada no creo tener respuesta: ¿Cómo rehabilitar el cuerpo a partir del resentimiento?

Para seguir pensando en esta interrogante y cómo se ubica en la relación entre la voz y el cuerpo propongo iniciar con una evaluación sobre las limitaciones y riquezas del proyecto que desde agosto del presente año he venido gestionando. Me refiero al proyecto Atrévete Puerto Rico. Atrévete Puerto Rico forma parte del movimiento social generado en la ciudad de Nueva York, iHollaback . Hollaback  o Atrévete, (traducción al español del movimiento), surge de la iniciativa de 7 amigas que decidieron  tomar acción ante el acoso sexual en los espacios públicos al que se enfrentaban de manera cotidiana, inspiradas en el caso de una mujer que al ver a un hombre masturbarse en un tren, le tomó una foto y con ésta decidió reportarlo a la policía. Bajo la consigna de terminar con el acoso callejero, este grupo de mujeres decidió abrir un portal cibernético que sirviera de plataforma de denuncia de este tipo de acoso sexual en las calles. Uno de los objetivos centrales de sus creadoras era el denunciar esta forma de violencia de género tan aceptada culturalmente y poco legislada o vislumbrada como crimen.  Así, en la página web ihollaback.org, se insta a las mujeres y personas de la comunidad LGBTT a que accedan a contar sus historias de acoso. Se las insta a hollaback, expresión coloquial urbana con varios significados.  Hollaback es la respuesta a un saludo, como decir “hola a ti también” pero además significa “mantente en contacto”. Ihollaback es como decir un “yo respondo” ante este tipo de violencia. Partiendo de esta expresión coloquial urbana, bajo el lema de ponerle fin al acoso sexual en la calle o street harassment, como se le nombra a esta manifestación de violencia de género culturalmente aceptada, lo que comenzó como un proyecto entre amigas ha generado un movimiento que ya tiene páginas web afiliadas internacionales.

Existen páginas ihollaback en ciudades de más de 14 países entre los que se encuentran Buenos Aires, Argentina; México D.F., México; Ottawa, Alberta y Toronto, Canadá;  Croacia,  República Checa, Francia, Alemania, India, Inglaterra, y además en otras 13 ciudades de los Estados Unidos. Por eso, aun cuando desde un principio, algunos aspectos de este movimiento me parecían limitantes, la constancia en Puerto Rico del tipo de suceso que inicia estas palabras y la inaudibilidad e invisibilidad de esta manifestación de violencia, supuso ver en esta alternativa un espacio de cambio en la percepción sobre lo considerado violencia de género. En tanto que, en Puerto Rico, a pesar del crecimiento en los últimos años de campañas estatales y no gubernamentales en contra de la violencia de género, el enfoque central de estas campañas ha sido la violencia doméstica. Aún cuando consideramos la importancia de este tipo de campañas, la representación de la violencia doméstica como el enfoque central en la lucha por la erradicación de la violencia de género, su centralidad ha tenido como repercusión el tratamiento sinónimo de violencia de género y violencia hacia la mujer, limitando de esta forma el (re)conocimiento de otros cuerpos que se enfrentan a este tipo de violencia así como la prevalencia de la violencia física y la elusión de la violencia moral siempre implícita en la violencia de género aún cuando esta última posee un carácter omnipresente que la revela como violencia estructural convirtiéndola en un método factible de subordinación( Segato, 2003).

Sin embargo, el cómo visibilizar y el cómo (re) conocer la diferencia en sus complejidades continúa suponiendo un reto que aumenta las limitaciones de la plataforma cibernética y los retos a los que se enfrenta este tipo de activismo.

Desde un principio tres cosas se presentaban como grandes limitantes. Primeramente, la concentración mayoritaria del movimiento en la experiencia de las mujeres y sobre todo muy específicamente las experiencias de mujeres que se enfrentan a situaciones de acoso sexual al ser vistas como objetos de deseo. Sin embargo, se han dejado fuera las historias de mujeres que, por ejemplo, no necesariamente son acosadas por ser vistas como objetos de deseo sino que se enfrentan a un acoso que se traduce en la ridiculización de sus cuerpos y las maneras de llevarlo por estar fuera de los cánones sociales que establecen lo deseable.

En segundo lugar, la entrada o reconocimiento de otros sujetos sólo si éstos se reconocían como miembros de la comunidad LGBTT. Y en tercer lugar, la confianza plena y absoluta en el derecho como lugar de (re)conocimiento por medio de la legislación y criminalización de este tipo de comportamiento.  Frente a las primeras dos limitaciones desde Atrévete Puerto Rico, decidimos plantearnos desde una apertura a todo cuerpo bajo la designación  del género como violencia  y desde ese lugar  proponernos trabajar con la violencia de género a partir de  maneras que no redunden en una dinámica de criminalización y victimización de sus componentes sino en la transformación de sentidos y comportamientos que nos acerquen a una reconciliación con el propio cuerpo afectado por este tipo de violencia así como con los cuerpos que la generan puesto que el género como estructura también supone violencia en ellos.

Sin embargo, la confianza plena en el derecho se retuvo en el (re)conocimiento desde la política pública, desde la legislación. El dónde radica la limitación de esta confianza nos devuelve a la discusión sobre el resentimiento. Wendy Brown en Vinculaciones Injuriadas utilizando las lógicas del resentimiento de Nietszche, explora el carácter resentido del deseo dentro de las identidades politizadas en los Estados Unidos a partir de las narrativas del liberalismo (Brown, 2005).  Es interesante utilizar este trabajo por los flujos económicos, sociales y jurídicos de Puerto Rico con Estados Unidos por la relación política que mantenemos y también por los flujos que a partir de nuestra relación política con los Estados Unidos se sostienen desde el activismo feminista y LGBTT en Puerto Rico.

Así, como destaca Marlene Duprey sobre este trabajo de Brown:

“lo importante de este trabajo es el problema de que la narrativa del liberalismo produce las condiciones para la creación de unas identidades politizadas al extremo de fijarse justamente al interior de las premisas de universalidad y de igualdad. De esta forma, las identidades politizadas se tornan efecto de esta narrativa ocasionando el que la exclusión se convierte en el eje central que constituye las narrativas de las identidades marginadas. Y según Brown, entonces estas narrativas en tanto creaciones históricas, no dejan de producir aquello que las constituye, esto es la repetición de su exclusión. Estas identidades “necesitan ese ideal tanto como su exclusión del mismo para poder continuar existiendo como identidades”  Y más aún, produce una situación en la que el sufrimiento se sitúa como el entero fundamento de su reclamación política (152-153)”.

Esto es lo que ambas autoras resaltan como lo que genera el resentimiento. Entendiendo resentimiento como aquellos impulsos de venganza a raíz de una herida que se recogen en la cita de Nietzsche de La genealogía de la moral que sirve de epígrafe a Brown: “Si algo ha de permanecer en la memoria, debe grabarse a fuego: sólo lo que nunca cesa de herir se queda en la memoria” y a partir de esto, reconociendo cómo la recriminación se torna la forma en la que los desposeídos toman parte en las lógicas del resentimiento es posible identificar el que las categorías de género, raza, y clase se constituyen a partir del resentimiento.  (Duprey, 2008)

De ahí que, como destaca Duprey:

“la crítica al poder (desde estas identidades) frecuentemente es más bien un reclamo por acceder a aquellos bienes y aquellos imaginarios situados en un esquema de valorizaciones que se ubican al interior de los Estados modernos capitalistas. Valoraciones que estos estados resaltaron como buenos, correctos y deseables (155).”

Esto nos regresa al dilema entre la voz y el cuerpo porque al estas identidades formar una voz que recrimina al poder su reconocimiento y visibilidad, al depender de los términos del poder para ser reconocidos así como de su permanente exclusión, su reclamo supone una clausura a las posibilidades de los cuerpos y sobre todo a sus posibilidades de sanar. Siendo así, la confianza y la esperanza plena en el derecho, en la ley como reparadora de injusticias, como renovadora de posibilidades puede ponerse en duda, mucho más cuando hablamos de violencia de género. Porque  como Mara Negrón señala en un hermoso texto titulado El verbo descarnado o hacernos cargo de la violencia: “pensar la violencia supone pensar la justicia” y desde ahí un cuestionamiento que para nosotros sería imperativo es si ¿es el Derecho el lugar de la justicia?

Aclaro que no estoy haciendo un llamado a la renuncia de derechos. Ciertamente, en un sistema de derecho como el que vivimos tener derechos supone una mejor posición que no tenerlos. No obstante, creo que debemos estar vigilantes a tres cosas que Marco Aparicio Wilhemi en Contracorrientes: apuntes sobre igualdad, diferencia y derechos (2010)  puntualiza: Primero que, “los derechos una vez reconocidos, pueden llegar a servir como piezas de un aparador que esconde prácticas que materializan decisiones abiertamente opuestas a ellos y frente a las cuales el entramado jurisdiccional a lo sumo ofrece respuestas tardías, aisladas e insuficientes.” Segundo que: “Es necesario huir a una confianza desmesurada en el poder de la letra de la ley en la determinación del comportamiento de los distintos sujetos y poderes, públicos y privados que conforman nuestras sociedades.” Y tercero, y pienso que es una de las más importantes sobre todo en términos del (re)conocimiento de las diferencias,  que: “El texto jurídico formaliza consensos pero también exclusiones, abre el espacio político a unos mientras lo cierra para otros. Es avance y freno; cierre y apertura”. Pero si vamos más allá, no tan sólo es que formaliza consensos  y  exclusiones es que, bajo el consenso, formaliza exclusiones en la medida en que hay que callar e invisibilizar unas diferencias para entonces legitimar las que sí van a ser consentidas como diferencia y eso es violencia, la violencia de la fijación y la simplificación.

Es una violencia que está muy ligada a la implícita en un cuestionamiento hecho por Wendy Brown en su texto The Power of Rights:  “What does rights discourse do to politics if not convert social problems into matters of individual injury and entitlement, into matters in which there is no harm if there is no tangible agent and no tangible violated subject? Es decir que el discurso del derecho depende de la lógica víctima/victimario y su criminalización como solución a los problemas  y no de revelar la violencia estructural inherente al sistema que subyace esos hechos individuales para exponer los problemas sociales de los que derivan. Con lo cuál valdría la pena preguntarse si ¿es deseable legislar las diferencias?

Hasta aquí las limitaciones que veo en el proyecto que gestiono Atrévete Puerto Rico.  Ahora toca hablar de lo que para mí es su gran fortaleza, una que nos regresa a la pregunta inicial ¿Cómo rehabilitar el cuerpo a partir del resentimiento? Creo que un gran paso en la respuesta a esta pregunta radica en el acto de narrar. Y narrar, contar una historia desde la propia experiencia de quien lo hace es central en un proceso de reconciliación  porque se trata de sanar. Tomar el ejercicio de narrar, “la narración como praxis conspirativa de las víctimas que prefieren ser otra cosa que víctimas, nunca una “comunidad de víctimas”; praxis que desarrollará no una explicación alterna o remediativa de las inconsistencias del relato oficial, sino la constante interrupción de todo relato oficializable para abrir el espacio de la invención de sí no importa cuan rara sea su ocasión (Duchesne, 2005).”

Y es que en principio narrar supone (re)conocer la experiencia, (re)conocer cómo te afectó y por qué, pero además suma a ese proceso de reflexión el mirar al otro y (re)conocer de dónde sale su violencia, no para justificarla sino para reconciliarse con el propio cuerpo agredido y con el de quien nos hirió. Se trata de un trabajo con el peso del dolor, con el peso de la experiencia. No para olvidarla sino para relacionarnos con la situación de una manera que no mantenga intacto el resentimiento y su herida. Definitivamente, esto supone algo muy difícil porque implica estar dispuestos a aceptar nuestra vulnerabilidad y a su vez (re)conocer la de los otros para asumirla como parte de una responsabilidad común. Una responsabilidad enorme en la medida que advierte la devolución de la humanidad a quien nos hirió para (re)conocerlo humano. Dejar de pensarlo monstruo, enfermo, o criminal para reconocerlo humano. Se trata de (de)volverle y (de)volvernos nuestra complejidad; se trata de volvernos fuga. Como bien dice Nelly Richard:“Las líneas de fuga y alteridad que pluralizan cada “yo” impidiendo el cierre representacional de una identidad “toda” le dejan espacios a la “subjetividad abierta de los incontados” que prolifera en los bordes más disgregados de lo que la sociedad exige como lo numerable, gobernable y sistematizable.(Richard, 2010).”

Y entonces, al aceptar esto, a la pregunta de ¿cómo rehabilitar el cuerpo a partir del resentimiento? valdría la pena añadir la de ¿qué estamos haciendo como sociedad desde nuestros símbolos, lenguajes, políticas, instituciones jurídicas, mediáticas y académicas para potenciar alternativas al resentimiento que más que reconciliación deviene venganza.

 

Esta ponencia fue ofrecida el 1 de diciembre de 2011 en la Jornada sobre violencia de Género organizada por el Programa de Estudios de la mujer y el Género de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

Bibliografía

Aparicio, M. Contracorrientes: apuntes sobre igualdad, diferencia y derechos. Girona:

Documenta Universitaria, 2011.

Brown, Wendy. Vinculaciones Injuriadas. Araucaria, segundo semestre, año-vol 7, número 014.

Universidad de Sevilla, España.

Brown, Wendy. The Power of Rights. Boston Review, june-august 1993,                    http://bostonreview.net/BR18.3/brown.html.

Duprey, M. BioIslas. Ensayos sobre biopolítica y gubernamentalidad. San Juan: Ediciones

Callejón, 2009.

Duchesne,  J. Fugas incomunistas. San Juan: Ediciones Vértigo, 2005.

Martínez, A. Contando las maneras para decir el cuerpo. Debate Feminista. No 36,

Octubre, 2007.

 Negrón, Mara. El verbo descarnado o hacernos cargo de la violencia. Mayo 31, 2011.

En: 80grados.net

Richard, Nelly. La crítica feminista como modelo de crítica cultural. Debate Feminista. No 40,

octubre 2009, México.

 

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Cuando decidí escribir acá…

Cuando decidí escribir acá fueron tantas las cosas que me vinieron a la mente que no supe por donde empezar.

Son tantas las amigas y compañeras de las que he escuchado anécdotas de acosos en Puerto Rico, pero me limitaré a contar las que he vivido.

-Recuerdo que cuando tenía doce años había un vecino que se masturbaban en las ventana de su casa para que lo viéramos mis amigas y yo cuando pasábamos corriendo patines.

-Cuando tenía 16 años comencé a correr por la urbanización donde viven mis padres en Guaynabo. Todos los días un señor salía a la marquesina a gritarme obsenidades cuando pasaba frente a su casa. Un día mi mamá se fue un poco detrás de mí y cuando llegamos a la altura de la casa del señor se escondió detrás de un árbol y espero a que el señor me gritara. Entonces ella comenzó a gritarle, “contrallao, que poca verguenza hijo de tu madre” y el hombre empezó a decirle que sólo pensaba en voz alta “qué mucho me parecía yo a su sobrina”.

-Cuando iba a la Universidad de Puerto Rico, del 98 al 2005, en más de una ocasión me encontré con hombres que estacionaban el carro en la mañana frente a la torre para que los vieras masturbándoe cuando pasabas por la acera y mirabas hacia adentro.

-En varias ocasiones he estado en la playa de Piñones con amigas y hemos tenido que movernos de lugar o que gritarles a masturbadores que se paran detrás de las palmas a ligar y jarlarse pajas mirando a las mujeres cerca del agua.

-Cuando vivía en Miramar con unas amigas en el 2002, una vez el casero fue a arreglar un abanico de techo. Habíamos dejado alguna ropa secándose en la sala donde el arreglaba el abanico. Cuando salimos del cuarto mi roommate y yo nos encontramos al casero oliendo los panties de mi compañera de casa.

Bueno, estas son las que recuerdo. Seguro tengo muchísimas más que contar pero con estas creo que queda claro que el acoso es algo demasiado frecuente en San Juan, Puerto Rico.

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Bienvenid@s a Atrévete Puerto Rico

Nadie tiene el derecho a comentar ni acceder a tu cuerpo sin tu consentimiento.

Dentro de esta página podrás encontrar un espacio seguro donde compartir historias de acoso en las calles. Cualquier cosa que te haga sentir incómoda o incómodo no tienes que tolerarla. Ahora es el momento de hablar y visibilizar este tipo de situaciones. Puerto Rico tiene el poder para terminar con el acoso en las calles. Únete al movimiento y levanta tu voz para terminar con esto. Transformar la violencia de género es trabajo de TOD@S. Retomemos las calles; (re)conozcamos nuestros cuerpos.

Atrévete a contar tu historia; hagamos y seamos la diferencia!

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Este Cuerpo es Mío, no se viola, no se mata.

“Este cuerpo es mío, no se viola, no se mata.” La consigna elevada por más de una decena de estudiantes en la pasada marcha en repudio a los incidentes de agresiones sexuales acaecidos en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico todavía retumba en mis oídos. Y es que en ésta se cobija el reclamo por el respeto, autonomía y derecho de cada cual a llevar el cuerpo como le parezca y sobre todo, la negación rotunda de que ante la decisión que se tome sobre el llevar el cuerpo, un@ sea expuesto a violencia. Más de 3 agresiones sexuales en un mes han sido registradas en el Recinto de Río Piedras, con lo cual queda expuesto un problema que aunque no es nuevo, NUNCA, ha sido tratado con la seriedad y urgencia que merece. Es por eso que nos unimos al reclamo de Unid@s por una Universidad Segura porque la respuesta que conduzca a una mayor seguridad en el Recinto debe desarrollarse desde una plataforma multisectorial; porque es hora que la administración universitaria responda con seriedad y compromiso a este problema que despunta los altos niveles de violencia de género que se viven en nuestra sociedad; porque ciertamente el reclamo de Tod@s debe ser el mismo: “Este Cuerpo es Mío, no se viola, no se mata.”

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No se trata de un “problemita”

Recientemente viaje a la ciudad de México a tomar unos seminarios. Una noche en la que nos dirigíamos a celebrar el cumpleaños de uno de los compañeros que tomaba el seminario estuve a punto de ser atacada por un hombre. Todo fue tan rápido. Precisamente, mientras caminaba conversaba con una compañera sobre Atrévete y el acoso callejero, sus implicaciones, sus efectos en los cuerpos y el transitar por los espacios públicos y justo ahí a mis espaldas un hombre se acerco corriendo a tocarme y agarrarme. La chica que hablaba conmigo se percato justo antes de que el tipo lograra acceder a mi cuerpo. Le agradezco muchísimo el haber reaccionado tan rápido en mi defensa porque hasta ese momento el transitar por la ciudad me había parecido tranquilo. Sin embargo, ese momento disipo esa ilusión de la seguridad y creo que de haber ocurrido el ataque como el hombre prevenía el recuerdo de mi cuerpo en la situación hubiera marcado mi experiencia de la ciudad.

El hecho me sirvió para reflexionar desde otro contexto desconocido para mi las manifestaciones del acoso callejero y poder hablarlo con mis compañeras de otros países. La indignación era compartida, la urgencia de trabajar el tema también, la impunidad y el machismo de nuestros países afloraba siempre. Y sobre todo una cosa quedo constatada. El acoso callejero no es una tontería, ni una queja nimia sino un problema de grandes manifestaciones e implicaciones sobre nuestras sociedades que deben ser atendidas. Recuperar la confianza en los espacios públicos mas allá de la mera intervención policial implica generar políticas publicas que atiendan la violencia de genero como un problema político, ético y cultural de gran complejidad y urgencia de transformación.

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